La ética de Aristóteles
Estaba en una clase de Ética el lunes (con el profe C. Birkner) y se hizo un claro énfasis a la idea Aristotélica de que el fin último y bien supremo del hombre es la felicidad. El hecho es que se hacía notar que era una idea aceptada naturalmente por toda persona y en donde existía divergencias era simplemente en qué consistía esa "felicidad", si el goce, las riquezas o el honor. Finalmente se recalaba en la aseveración de Aristóteles con la cual explica la felicidad como aquello que se alcanza con el ejercicio de la razón mediante la virtud.
Si bien suelen sonar "humanamente razonables" muchas de estas ideas, el problema notorio se suscita al conocer las Escrituras. Si bien podemos creer que el fin del hombre es la felicidad, para Dios el fin de nuestra vida es hacer Su voluntad. ¡Qué distinto de las ideas humanistas! Y no es que Dios no tenga una idea fija acerca de felicidad, sí la tiene y bien clara. La diferencia notable es que no es un fin último o un bien supremo, es un estado por el cual pasa el cristiano en su vida, al igual que otros estados emocionales humanos como la tristeza. A lo que Dios se refiere como un sello que Él pone en sus Hijos (no en cualquiera) es el gozo, lo cual a la postre es nuestra fortaleza.
En otras palabras, la meta de todo cristiano es buscar Su Voluntad, sólo así nuestra vida adquiere sentido. El resto es dado por añadidura. ¿Y cómo? Ahí entra en juego nuestra relación con Dios. ¿Estamos relacionándonos con Él debidamente? ¿Tiene su opinión algún lugar en nuestra existencia? Es Él quien nos puede revelar progresivamente el plan que tiene para nuestras vidas, que sin lugar a dudas, es bueno y perfecto.

